Asientos de inodoro para niños

Asientos de inodoro para niños

Normalmente el proceso consiste primero en que el niño se concientice, luego controle y luego avise en el momento en que le “agarren” ganas. Una vez alcanzado este logro, el siguiente paso es quitar el pañal y que el bebé pueda hacer sus necesidades en otro lugar, generalmente en la llamada “pelela”. Este elemento, por su tamaño y diseño, es quizás la opción más práctica de cumplir el cometido, sin embargo, una vez que el niño domine o se “acostumbre” un poco al nuevo paradigma, es conveniente dar un paso más.

Aunque le cueste dejar de lado sus “deposiciones” en el inodoro (se separa de él algo que le era propio), es muy ventajoso lograr este traspaso para evitar el “acostumbramiento” prolongado a la pelela e incluso por obvias cuestiones higiénicas, ya que es más pulcro la utilización del inodoro que un recipiente como la pelela al que permanentemente hay que asear con desinfectantes luego de cada uso.

Para ayudar en esta última transición existen asientos de inodoro para niños, los cuales ya vienen pensados con esa funcionalidad desde la concepción de su diseño. En general son modelos de asientos de inodoro que poseen un accesorio que adapta el tamaño de acuerdo a quien lo utilice (niño o adulto). Dicho accesorio se agrega o quita fácilmente de acuerdo al caso.

Por otro lado, también existen adaptadores para niños, que se compran en forma independiente al asiento de inodoros para adultos. Estos adaptadores también se agregan o quitan de acuerdo a la necesidad, pero por ser un adicional debemos tener en cuenta dos cuestiones:

1) Hay que medir bien y elegir correctamente el modelo que se adapte a nuestro asiento de inodoro.

2) Nunca va a quedar tan bien como los modelos que ya vienen diseñados para el uso de niños.

Una vez más, hemos repasado un interesante aspecto del baño, donde vemos nota tras nota en nuestro blog, la importancia que el sanitario puede tener en diferentes aspectos sociales, psicológicos y hasta históricos de nuestras vidas. Pensemos simplemente que si no existiese un proceso sistemático de higienización de baños públicos ¡proliferarían las enfermedades por doquier!

Compartir esta nota