Breve reseña histórica del baño

Breve reseña histórica del baño

Esta tendencia se vió reflejada en las civilizaciones de Egipto, Grecia y Roma, donde además se entrelazaba (en las castas sociales más altas) con la comodidad, el lujo y la ostentación, donde las construcciones edilicias muchas veces no escatimaban en materiales de alta ley como el oro o el marfil.

En el caso de la civilización egipcia primaban los “materiales” y ceremonias en sí mismas y no tanto un espacio físico como el cuarto de baño actual. Si bien el “proceso de bañado” se llevaba a cabo en lugares específicos, se privilegiaba la dedicación hacia los aceites, ungüentos, perfumes y rituales involucrados, donde muchas veces los esclavos debían atender a sus amos.

Otros pueblos que tampoco conocían el jabón, utilizaban otros materiales propios de su cultura, que definían de acuerdo a sus conocimientos, recursos y procesos históricos. Tales elementos podían variar entre arcillas y barros hasta ciertos tipos de mezclas herbáticas que los ayudaban a mantener ciertos estándares de higiene.

Increíblemente muchos griegos rehuían de los baños por asociarlos a la delicadeza impropia de un hombre rudo y atleta, sin embargo no todos los estratos de la sociedad pensaban igual. Las clases más altas poseían elementos y utensilios suficientes para darse buenos baños y mantener la higiene intacta frente a sus pares sociales. De hecho, otorgaba status: muchas veces los anfitriones contemplaban sesiones de baño para sus comensales. De hecho, en las casas más acaudaladas tenían salones exclusivos para esta actividad (baños propiamente dichos) que poseían jarrones de alto valor artístico y perfumes de exquisita preparación.

Sin embargo, fueron los romanos los que tomaron la lanza y llevaron el concepto del baño a las cúspides memoriales de la audacia y el lujo. En uno de sus casos extremos tenemos al emperador Nerón, que había recubierto el interior de su palacio con marfil, el cual despedía fragancias y flores sobre su interior.

Existían también los famosos baños públicos romanos, que eran palacios donde podían bañarse casi 3000 personas. Eran verdaderas obras maestras de la ingeniería, ya que no solo poseían majestuosas construcciones funcionales a la comodidad de los invitados, sino que también poseían una hasta entonces desconocida ingeniería de tuberías y desagües que descollaba por su efectividad. ¡Recordemos que los romanos podían inundar el coliseo para hacer carreras de una especie de botes!

Luego de guardar sus pertenencias los romanos marchaban al “frigidarium” donde contaban con agua fría para luego pasar por el “tepidarium” que tenía agua más tibia. Finalmente pasaban al “caldarium” que era un sauna donde solían transpirar abundantemente. Luego los asistentes los acicalaban y depilaban. Finalmente había sesiones de masajes y de perfumado del huésped.

Desde la finalización del Imperio Romano hasta el presente, el baño ha tenido vaivenes de altas y bajas en su nivel de desarrollo, volviendo a florecer en el Renacimiento y finalizando en la modernidad, donde la ingeniería sistemática y la mercantilización de la actividad dio paso a una infinidad de variantes, complejidades y materialidad.

¡Esperamos que esta breve reseña histórica te haya gustado, pronto seguiremos escribiendo y explayando estos últimos periodos!

 

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